Semana 12


ANÁLISIS DE TEXTOS

BITÁCORA # 12



“Es la propia mente del hombre, no su enemigo o adversario lo que lo atrae a los malos caminos” Buda Gautama



¿Eres racista o homofóbico? ¿Acaso eres clasista? ¿Xenófobo? Podrías contestar que no, basándote en tus deseos idealistas de tener una vida llena de aceptación y tolerancia con los demás, y cualquier atributo distintivo que puedan llegar a tener. Del mismo modo podría declarar yo, que me opongo firmemente al machismo y lucho por darle más importancia al rol de la mujer en la sociedad. Sin embargo, si es así, ¿Por qué todas las preguntas introductorias a este párrafo están dirigidas a la población masculina? No significa que exprese ideas que vayan en contra de lo que pienso, sino más bien evidencia las representaciones mentales que tengo implantadas en mi mente. 


A lo que me refiero específicamente son las asociaciones implícitas. Los seres humanos tendemos a desconocer lo que pensamos en realidad. Sin embargo, no significa que no tengamos y expresemos pensamientos claros, pues la mente siempre está forjando ideas basándose en lo que hemos escuchado desde pequeños o los ideales que se manejan en el ambiente en el cual vivimos. Razón por la cual llego a preguntarme ¿Aquello que decimos es lo que verdaderamente pensamos? La respuesta es no, pues lo que damos por sentado, no necesariamente es realidad.  


Hace unos días me sometí a la prueba de Asociación Implícita, y fue cuando realmente comprendí a lo que se refiere este tema. Escogí el cuestionario de edades, en el cual se analizaba que población prefería; adultos de edad muy avanzada, o jóvenes por sus 20s. El resultado que arrojo me sorprendió, pues sugirió que mis preferencias poblacionales se ubicaban en el grupo de menor edad, cuando siempre pensé que mi afinidad y apegos correspondían más a los gustos y preferencias de la gente mayor. Sin embargo, el resultado del Test es contundente en indicar que tengo gran conexión con la gente joven, pues casi todo mi entorno se compone de personas que esta en esa edad, por lo cual era obvio que mis preferencias sociales oscilarían con las tendencias de estos.


Sin embargo, decidí corroborar la veracidad de lo aprendido en clase, realizando un ejercicio en casa, aprovechando el confinamiento obligatorio debido a la conmoción mundial por el virus COVID-19. El experimento se desarrollo en una lluviosa tarde de sábado, donde estando sentados en el balcón con mi padre, entablamos una conversación que inicio por su interés en mi opinión acerca de este particular inicio de vida universitaria, y las actividades desarrolladas, en especial todo lo referente a las clases virtuales. La conversación dio pie a que le preguntara sobre el cambio que había impactado su vida rutinaria de los fines de semana, que, a diferencia de la mía, esta saturada de actividad física.


Mi padre ha sido una persona que en su vida ha practicado varios deportes a nivel aficionado como: trotar, boxear y en especial jugar futbol, habiendo integrado varios equipos. Desde muy pequeña lo acompañé a estas actividades y recordé que en muchos de sus equipos siempre había personas de tez oscura. Fue en este momento cuando surgió en mí, el querer profundizar sobre la predisposición que mi papá tiene sobre el racismo, entonces pregunte:


-         Papá, ¿Te consideras racista?

-    No, yo no me considero racista, desde niño siempre compartí con personas negras, en mi colegio además del rector, habían 3 o 4 niños de color, y dos de ellos estaban en mi curso. Siempre jugué con ellos e incluso me molestaba el tono displicente cuando los llamaban por una característica física (negro) en vez de su nombre, el cual todos debíamos saber. Luego en el bachillerato y en la universidad integre las selecciones de futbol y gran porcentaje de mis compañeros eran negros, con los cuales compartía sin restricción, cambiábamos el uniforme, tomábamos agua de la misma botella, compartíamos los alimentos, nos reíamos…

-         Y ¿alguna vez tuviste una novia negra? – pregunte

-         No, yo nunca he tenido una novia negra- respondió extrañado

-         Pero ¿Si tuviste compañeras negras en el colegio y en la universidad? - insistí 

-         Si, varias. Pero realmente nunca me sentí atraído por alguna de ellas

-         Y es que luego ¿eran muy feas? - pregunte jocosa

-        No, al contrario, tuve unas amigas muy guapas- respondió mi papá buscando las palabras adecuadas para que mi mamá no lo asesinara.

-         Pero ninguna me atrajo. Manu ¿Será que soy racista y no lo he querido aceptar?


Finalizado el ejercicio le hice saber a mi papá que entre las actividades académicas que realice este semestre, profundice un tema en Análisis de Textos que a mi criterio cabía perfectamente en la situación, la asociación implícita. Pues le hice saber que por naturaleza los seres humanos tendemos a tener preconceptos establecimos debido a nuestra crianza y modelos de sociedad, así que citando al profesor Cobos le dije “No se trata de que tengas estos prejuicios e intentes negarlos, se trata de que los aceptes, seas consciente de ellos y no permitas que definan tu vida y tus decisiones”.


Del mismo modo lo interpretaron en el video “Asociaciones implícitas en el liderazgo”, pues el autor expreso que la mente siempre nos esta jugando trucos, y aunque creamos que nos conocemos hay cosas en nuestro subconsciente que dicen lo contrario. Así que es necesario que los lideres sean autocríticos y autorreflexivos para que sean capaces de conocer las asociaciones implícitas, reconocerlas y tenerlas en check, para que no nos hagan tomar decisiones basadas en preconceptos de las cuales luego nos vamos a arrepentir.


Para concluir, es pertinente decir, que por naturaleza el ser humano se basara en conocimientos previos que generalmente están dados por la crianza o el ambiente en el que vivimos, para juzgar y tomar decisiones sobre cosas y personas. Sin embargo, es necesario que reconozcamos los prejuicios que tenemos, para que seamos capaces de impedir que sean estos los que decidan por nosotros.

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